La cruz de Cristo
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.» Isaías 53:5 Este es el Cristo de la cruz de San Damián: levantado en alto, clavado de manos y pies, con el costado traspasado, y sobre su cabeza el título que escribió Pilato: «Jesús nazareno, Rey de los judíos» (Juan 19:19). Y sin embargo está erguido, con los ojos abiertos: la Pasión y la gloria en una sola imagen.
En 1205, Francisco, hijo de un comerciante de paños de Asís, entró a orar en la capilla en ruinas de San Damián. De rodillas ante este crucifijo, oyó hablar a Cristo desde la cruz: «Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves, se está derrumbando por completo.» Francisco entendió primero que debía levantar las piedras de aquella capilla, y lo hizo con sus propias manos. Solo más tarde comprendió que Cristo lo llamaba a renovar su Iglesia. Lo dejó todo para seguirle.
Ante esta misma cruz, Francisco oró: «Altísimo y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame una fe recta, una esperanza cierta y una caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.»
Que tenga un lugar en tu casa, para orar y dar gracias: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16
- El título
- «Jesús nazareno, Rey de los judíos» (Juan 19:19)
- Al pie de la cruz
- María y Juan, María Magdalena y el centurión
- Origen
- Capilla de San Damián, Asís, Umbría, hacia el año 1100
- Estilo
- Románico con influencia bizantina